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Selección de poemas de luís benítez

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SU PEQUEÑO TIEMPO DETENIDO

el automóvil que lo mató

se alejó seguro de sí mismo

y ahora duerme su sueño de motor

en un desaliñado garaje del suburbio

 

mañana le limpiarán la sangre

antes de ir a trabajar

 

el criminal no duerme sin embargo:

discute con su esposa el tema de la renta

se ha olvidado por completo del gato

que hasta que llegó la tarde estaba hecho

de músculos y encanto

de sanguinaria agilidad y de silencio

 

ahora en la lejana calle

sólo está hecho de tiempo detenido

y lo buscan las hormigas

que caminan siempre

por un desierto infinito

donde el agua escasea

pero abunda la comida

 

ese país escondido donde ponemos los pies

 

la calle sigue como siempre calle

como estuvo ayer como estaba

en la tarde de la muerte

como seguirá durante todos

los indefinidos mañanas

 

el cielo apenas más oscuro

apenas alguien solo

que cruza por la esquina

y de tanto en tanto otro automóvil

que busca algún ser vivo

 

sólo el gato cambió

o su mitad que es todo

lo que quedó en la acera

 

hoy que la muerte

ha capturado otro ratón

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TRUCHAS EN EL OCASO SUREÑO

El hilo flotaba blando como un hombre descuidado

en el espejo líquido de un cielo nublado

 

nada le había avisado

en su simple condición de materia

que un ser vivo lo había tendido hacia otro

por un cruel pacto unilateral

algo que de veras no era un pacto

entre un mundo agitado

por apenas cien mil años de historia

(algo que parece un fallido experimento:

cada año parece confirmar este fatal

intento de la naturaleza)

y el universo líquido y elemental

que tiene millones de episodios sutiles

congregados en cada gota de agua:

además remite a las primeras épocas

no a las posteriores

de este gran teatro

 

el hilo flojo terminado en un gancho

en medio del paisaje prehistórico de la Patagonia

donde las grandes truchas continúan

porque inmutables

todo y ellas continúan

iguales que en lejanísimos atardeceres

con la misma perennidad

que posee una mosca que cae

 

¡plop!

 

en el agua

 

una dura boca que surge de las profundidades

y adelanta su armada mandíbula hacia la muerte

o la vida que nosotros cambiamos en muerte

 

¿tiene cabida un súbito salto de la mente

un insight brillante que surge de las aguas

algo que avisa que la misma vida

está en un extremo y otro del hilo flojo

peligrando por el acto siguiente tanto

una como otra peligrando

peligrando siempre por una determinación

basada en la costumbre?

 

la misma costumbre peligrosa

del hombre y de las truchas

 

y entonces ese recoger el hilo

y romper sobre las rodillas la caña

arrojar lejos el reel

los señuelos las botas

volver sin nada a la cabaña

para siempre sin nada de esas preciosas vidas inocentes

sin nada de ese amplio universo líquido

para siempre a salvo

al menos de uno de nosotros

 

Y el casero de la cabaña

al verme hacer desde lejos

me juzgó un idiota

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LA MOFETA DE JUAN CRISTOBAL

era un niño cuando su camino se cruzó con el mío

y ya llevaba tozudamente prisionero

-sujetado siempre con una correa para perros-

aquel hermoso animal blanco y negro

al que naturalmente le daba un nombre ridículo

y decía sonriente que su padre

(un impúdico veterinario)

le había extirpado “las glándulas de veneno”

 

la mofeta de juan cristóbal

esa bestia amputada

en su traje de presidiario

mordisqueaba las rosas de todos los jardines

como si envidiara su perfume

y olía cuanto encontraba

tal vez buscando su propio

definitivo hedor perdido para siempre

 

era odiado por todos

ya que sus garras agudas destrozaban los canteros

y daban vuelta los ladrillos colocados ex profeso

para caminar por ellos atravesando las calles de tierra

cuando la lluvia inundaba los senderos del pueblo

 

ello solo y la mala prensa de ser una mofeta

bastan para convocar el odio de las multitudes

 

todos alguna vez fuimos la mofeta de juan cristóbal

inerme bola de pelos privada de toda arma

 

un granjero la mató a escopetazos

una tarde en que su dios el niño

dormía: despertó en un sueño

donde el animalito ya no existía

y me vio y lloró

no por el animal indefenso

sino por lo que su infancia había perdido

 

cría de otro animal más fuerte

que una mofeta indefensa

la culpaba sin saberlo

de haberle hecho daño

patas arriba junto a una cerca

que se llenaba de moscas

 

una definitiva maldad camina entre las cosas.

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EL EXTRAVAGANTE VIAJERO, RIO ARRIBA

Entonces lo vi en el agua aceitosa,

regalo de la industria y del odio a lo vivo,

remontando río arriba la corriente:

el salmón imposible,

un monstruo musculoso

ornado de verdes y violetas,

de naranjas y rojos,

en la librea que sólo presta el deseo

a los ansiosos por reproducirlo a toda costa.

Insólito tornasol entre la basura

del río condenado,

como un hombre empecinado

en encontrar el camino que le diga

“soy tu vida”, un regalo

para la candidez empecinada en creer,

un estímulo para los músculos tensados

bajo las ásperas escamas,

una sobredosis de hormonas

inundando el cerebro diminuto.

Y esa boca abierta al deseo de respirar

todavía algo más de su último día,

guardaba la postrera sílaba

de aquellos que no se dejan vencer

ni por su propia idiotez

ni por las aristas de los muelles

donde nunca paran, donde jamás

por cosa alguna se detienen.

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UN INSECTO EN ENERO

mínima en la ventana una presencia activa

apenas diferente del aire en su elemental dibujo

 

más seis patas y dos alas que el cuerpo verde

apenas una línea que atravesó

millones de años en su aleteo

desde los ollares de los dinosaurios

hasta el sobrio y frío presente en mi ventana

 

nunca fue más grande y jamás abundó:

cuando plantas que hoy son la hierba

alcanzaban alturas y redondeaban formas colosales

unos pocos como él se elevaban

hacia las lejanas copas con no poco esfuerzo

de esas mismas delicadas membranas

que frente a mí apenas mueve o que reposan

 

allí donde refleja el todo otro vasto mundo

que también le pertenece

 

su victoria hecha de un silencio seguro

como todas las cosas

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LA PREGUNTA

¿Y el ocaso rompiéndose en oro rojo,

inmutable, más allá de la historia de la poesía

de Oriente y de Occidente,

el ocaso de oro rojo,

inalcanzable, el rojo de un astro roto

fracturado contra el borde del mundo,

eso que es lo único y lo primero, en lo que veo?

Cuando, auténtico y entero,

acá, aunque se haya vuelto casi la noche,

acá en los versos lo requiero.

Luis Benítez

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